Se  hace difícil comenzar a escribir un diario íntimo.

Aquel  entusiasmo que  me desbordó días atrás, en que pude expresar  algo de todo lo que necesitaba decir, fue, ahora lo confirmo,  apenas un incontenible desahogo. Una urgencia  de liberarme de tanta opresión y angustia. Y surgieron  también  unas incontenibles ganas locas  de  fantasear, que me asaltaron de imprevisto y de las que ahora me avergüenzo, aunque están ya publicadas, pero no dejan de ser insensateces que podía haber evitado de compartir.   ¿Pero saben?: con solo eso,  no fue suficiente, para nada…

 

Quiero más,  quiero  liberarme de todo prejuicio, de todo señalamiento y recriminación…quiero sentirme liberada  de todo esto que quizá por mucho tiempo innecesariamente cargué.

 

Me libero de todo  y para siempre.

 

Quiero sentirme plena.

 

Quiero sentirme libre.

 

Y lo expreso con toda sinceridad y despojada de toda carga, sintiéndome ligera, relajada, sin remordimientos.

 

Sin importarme el juicio de la gente.

 

Sin estar esperando ningún tipo de aprobación, ni reproche, sin esperar nada de nadie.

 

Es simplemente  querer expresar…

 

Quizá es algo guardado, que he retenido en mi corazón durante mucho tiempo y del que me quiero liberar.

 

Creo que muchas mujeres protegemos estas cosas tan íntimamente que hasta nos olvidamos de exteriorizarlas, al menos, alguna vez siquiera. O acaso  están tan secretamente escondidas  y que siendo parte de nuestra historia y sin saberlo  que aún nos enriquecen, nos sentimos avergonzadas de ellas  como que  no hubiéramos querido nunca que nos hubiera pasado.

 

Y sin embargo es quizá lo que más nos ha marcado. Lo que tal vez nos hace lo que hoy somos.

 

Es ser la mujer que hoy somos gracias a ellas, y es solo  externarlas, darlas a conocer…

 

 

 

Por días no me atreví a entrar a mi diario, ni si quiera para releer la presentación. Abrir la notebook significaba enfrentarme a las fauces de un lobo que me estaba acechando y no quería.

 

Pero esta tarde de domingo, tal vez el aburrimiento o la melancolía de estar viendo en el ventanal como se va escapando el día… no sé… pero me está dando el coraje para estar frente a la pantalla de la computadora, tan blanca y vacía  como también lo son mis pensamientos.

 

 

 

Me di una ducha fría para quitarme la terrible pereza que me causa la calefacción. Hace calor dentro del departamento. Me puse una  bata de baño ligera, pero estaría sin nada, si no fuera que tampoco quiero  desplegar el cortinado,  pues más encerrada me sentiría…prefiero que entre esta luz suave del crepúsculo.

 

La verdad que me siento cómoda. Tengo un tazón de café a mi lado y lo estoy disfrutando...

 

Pero no sé que contar de este día, que pasó tan inadvertidamente…

 

Me siento vacía.

 

¿Qué pasa en mi corazón?

 

¿Por qué tanto miedo?

 

¿Por qué por tanto tiempo lo dejé callado?... ¡inexpresivo!,  como que no existiera. Quisiera que pasara algo, ¡despertarlo!... sé que siempre estuvo ahí, queriendo expresarse, queriendo hablar y yo siempre lo acallé.

 

Observo la ventana y quiero ver más allá de donde estoy. Es presentir que hay un mundo diferente detrás de ella.  Ahora es mi oportunidad de  hacerlo con esa otra mirada, con la que podría haber visto desde hace mucho tiempo atrás y no quise, no me atreví. Aceptando los  riesgos para poder sentir otras inquietudes y de alguna manera poseerlas, sumida a las circunstancias a las que me voy a enfrentar, asimilándolas, viviéndolas  y también haciéndolas  mía, tan mías, arriesgándome con todo lo que eso implica. Y también con plena libertad y consciencia desde donde lo estoy asumiendo.  Desde la mujer que soy ahora.

 

Asoma una luna tenue en el cielo que se va apagando lentamente.

 

Recién en este instante me doy cuenta que extraño a R.

 

Es un buen amigo. Fiel amigo, puedo decir con seguridad. Todas las tardes de domingo, después de dejar en el embarcadero su  snipe, me venía a visitar.

 

Pero la semana pasada me dijo que  volaría a Ecuador, que aunque ahora ese país está pasando por  una tremenda crisis,   él sospechaba que se podría hacer  una buena inversión allí.  Él siempre saca provecho y ve ocasiones de negocios donde ningún otro las ve.

 

Aunque en lo personal, conmigo, R  nunca sacó provecho ante mis crisis, debo reconocerlo, aun en mis peores momentos. Como  cuando me divorcié de Mario por ejemplo, en el que yo estaba  tan destrozada.

 

No lo veré por un buen tiempo, supongo.

 

Confieso: lo voy a extrañar. Aliviaba en mí, esta zozobra anímica de los domingos.

 

Buen amigo y nada más que eso. Nunca nos atrevimos a mucho más. Ni quisiera hubo insinuación alguna de su parte.

 

Se plantaba todas las veces  frente al ventanal. Siempre gesticulando y efusivo, emanando todas las veces fragancias distintas de perfumes exclusivos que yo desconocía. Nunca fue vulgar en eso.  Y me contaba sobre sus proyectos en la Bolsa y últimamente, inversiones en bitcoins.

 

Yo me sentaba apaciblemente en el sillón del lado opuesto al ventanal y lo observaba mientras hablaba, escuchándolo como que un monje tibetano lo podría estar haciendo.

 

Y recuerdo de una vez,  en que me causó tanta risa, aunque obviamente lo disimulé lo mejor que pude;  pues advertí, y a contraluz era más notorio, como   su bulto prominente iba sobresaliendo de su pantalón náutico que estaba algo ajustado.

 

Fue entonces cuando comencé a  considerar que tal vez podría poseer R,  algo interesante para  convencerme a romper nuestra pura relación de amistad,  cosa que jamás  lo había considerado, ni tampoco sus atributos, los que en ese día recién comenzaba a reconocer…. Pero él me seguía hablando de unos proyectos inmobiliarios en la costa, mientras que yo dirigía mi mirada insistentemente hacia su entrepierna, lo más disimuladamente posible; y también en su figura  de perfil, con su barriga levemente incipiente, encendiendo él, un habano, con esos brazos de luchador, bronceados y velludos y con su rostro de bebé gordinflón, que no se compadecía en lo más mínimo  con ese cuerpo fornido  que poseía…

 

Y no tuve más remedio que imaginármelo conmigo en la cama, aunque no me atrajera en absoluto. Tal vez estaba curiosa  y también, ¿por qué no?,  deseando cada vez más  tener eso que le iba  sobresaliendo imperiosamente, mientras se iba quitando el pantalón en mi imaginación un tanto atrevida por cierto…

 

¿Pero cómo pude imaginarme esto…? me digo ahora…

 

R es una persona tan ambiciosa…hasta cierto punto ensimismada y egocéntrica…

 

¿Podría tener esas ganas de sentirlo dentro de mí? ¿Podría pensar que tuviera yo, un mínimo de pasión?... ¡Algo…sí…tal vez!, no lo niego; por un momento imaginando quizá su miembro…llegué a fantasear con ese enorme pene que posee…erecto y basculante, que ante mí se me podía estar ofreciendo, si yo quisiera….Y sí, llegué a imaginarlo en mi boca,…¡ah!...ya no sigo pensando…ahora mi imaginación me puede estar jugando una mala pasada y no quisiera…

 

 

 

¿Pero con R? ¿Con él,  tan ambicioso, yo podría tener  ganas de probar?, ¿esas ganas enormes de sentir que me asaltan?,...no...no lo creo, ya con  que el simple hecho de pensar,  de tenerme él encima y que me mirara evaluativamente mis pechos,  con sus ojos  enturbiados por el humo de su cigarro … y yo verlo desnudo, …no me inspira nada....no....no...,¿cómo pude haberlo pensado aquella vez?...estaría en contra de mis propias convicciones...no....no me inspira...

 

Hasta sospecho   que se excita tan solo cuando imagina dinero, mucho dinero. Y ese bulto que se había acrecentado en mi imaginación hasta excitarme, acaso  se debía a sus elucubraciones provenientes de esas inversiones a realizar y no a otro motivo…

 

¡Claro! Debe ser así, como lo sospecho. Nunca me tocó un solo cabello y hasta en algunas ocasiones de distraído, ni un beso me daba al despedirse.  Es el amigo ideal…

 

Tan solo lo echo de menos…solo eso.

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