Los días van transcurriendo sin que yo lo advierta en lo más mínimo y que en ese transcurrir monótono, se está yendo mi vida como agua entre los dedos.

 

 

Y quedan a veces, tan solo en mi memoria, esas noches, en las que tuve insomnio, cuando ya mis manos no podían urdir más engaños a mi cuerpo, tan huérfano de caricias y cuidados de otras manos. Cuando mis fantasías fueron apenas pobres fabulaciones que ya no engañaban a mi corazón. Y declinaba entonces mis deseos más ardientes, ante el solitario acto de abrazar la almohada y ponerme a llorar sin consuelo hasta dormirme.

 

 

Tengo la carne firme. Mis muslos tersos. Mis piernas vigorosas. Mi busto está firme y tal vez es demasiado grande, pues cuando al final del día, por fin, me desprendo de mi brasier y veo las huellas tan profundas y rojas que dejó en mi piel, recién entonces advierto de lo tanto que me estuvo oprimiendo.

 

 

Pero hay otras huellas más dolorosas, de sometimientos a los que me entregué, sin enterarme siquiera de ellos… Son las huellas de silencios, de resquemores del pasado, que disimulo sigilosamente. De los deseos que me reprimo y me oculto a mí misma. Me siento tan estúpida a veces…

 

 

Fui como una pasajera silenciosa de mi destino hasta ahora. Me dejé llevar por él. Me oculté ante él.

 

 

Esta alocada, aunque no tanto, decisión de escribir y publicar mi diario y aunque quizá parezca ser algo tardío, pues ya no soy una adolescente, tiene un motivo: el de que sea como un espejo, donde me pueda mirar y ¿y por qué no dejarme mirar? Verme reflejada, tanto en mi alma como también en mi cuerpo,… qué a veces lo siento tan encerrado como en un caparazón de miedo. Presiento que en él hay un cofre que nadie ha podido abrir. Menos pude yo. Pero él puja en mí, cada vez mas desesperadamente…

 

 

Necesito verme y sentirme… quiero retener los días como estigmas ardiendo, quiero amar y dejarme amar y que me dejen rastros quienes lo hagan en mi cuerpo y corazón, ya no más los temores, no más las marcas de mi mutismo como único paso del tiempo en mi vida. Quiero ser marcada a fuego por aquellos a los que me entregue.

 

 

 

 

 

Este diario que inicio quiero que sea como una alcoba que abre sus puertas a la luz, y que caigan los cerrojos también de mi corazón estúpido y temeroso que me impide disfrutar para no sufrir. ¡Quiero atreverme a compartir la aventura de vivir como una mujer libre en este diario! Arriesgarme a que me exploren, cada día de mi vida que voy relatando, necesito que me descubran… para sentir que gozar no tiene límites. Intentar entregarme sin reparos a quien yo quiera…. ¡Aunque lo veo tan improbable todo esto…! El anonimato que me otorga el blog es lo único que me da ese coraje del que hasta ahora carecí, para poder escribir esto primero y luego poder lograr ser de la señora recatada que soy, la mujer libre e irreverente en la cama que me gustaría probar. Ser lo que nunca fui… para luego poder retenerlo y guardarlo en palabras…. Me da miedo también cuando lo pienso fríamente, a qué me estoy exponiendo, hasta el solo hecho de estar escribiendo estas insensateces me dan ganas por momentos de no seguir, de arrepentirme de esta locura… juro que sí, tengo muchas dudas… y también pudor, nunca lo hice, pero debo probar alguna vez, me debo obligar a disfrutar de gozar sin recelos, pase lo que pase, para poder sentirlo y atesorarlo como algo muy mío que hasta ahora no tuve…

 

 

Puedo ser una extraviada para muchos de ustedes, eso lo sé. Seré muchas mujeres tal vez, no niego que fuera así. Yo me desconozco teniendo estos impulsos o deseos de probar ser lo que nunca fui y me da mucha ansiedad saber quien puedo llegar a ser. Pero no me importa. Al fin y al cabo, y recién entonces, me voy a poder encontrar tal cual soy.

 

 


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